A grandes rasgos, muchos profesionales de fiscalidad y finanzas creen comprender lo que exige ViDA.
Sin embargo, esa confianza suele reflejar una visión superficial, centrada en la facturación electrónica y las obligaciones de reporte, más que en los cambios más amplios que implica en materia de datos, sistemas y procesos operativos.
Además, existe una dinámica estructural. En las grandes organizaciones, la responsabilidad sobre ViDA rara vez está claramente definida. El área fiscal puede asumir que IT lidera la iniciativa. IT puede pensar que Finanzas gestiona el calendario. La dirección puede dar por hecho que ya existe un programa en marcha.
El resultado es una especie de efecto espectador: la confianza de que alguien, en algún lugar de la organización, se está ocupando del tema, pero sin una visión clara de quién es realmente responsable.
ViDA no es solo una actualización normativa; es una transformación transversal que afecta a los sistemas de reporte, los datos y los procesos. A medida que su alcance se vuelve más evidente, muchas organizaciones se dan cuenta de cuánto trabajo queda todavía por hacer.
La concienciación no se traduce automáticamente en ejecución, y es precisamente ahí donde la mayoría de los equipos encuentra sus mayores dificultades.